VISTALEGRE 2: APRENDER DE LA EXPERIENCIA PARA CORREGIR ERRORES.

 

rafaComo todo lo que se escribe tiene un componente subjetivo, que es bueno aclarar para no llamar a equívocos. El que esto redacta quedo en ínfima minoría en Vistalegre I, pues apostó por el documento “Juntos Podemos”, que defendía Pablo Echenique y Teresa Rodriguez. Tampoco engaño a nadie si digo que no consideré adecuado, tanto por el fondo como por las formas, la transformación de movimiento político en partido, y menos aún si afirmó que las guerras intestinas, por el poder, que facilitó el modelo organizativo del que nos dotamos en aquel conclave, condicionados por las prisas electorales y el “yo o el caos” que plantearon los/as compañeros del “núcleo irradiador”, nos restaron una potencialidad de acción, la cual probablemente nos hubiera hecho ganar las elecciones del 20-D. Y menos aún voy a ocultar que desde el minuto 2 de este proyecto, es decir, después de las elecciones europeas, consideré, y defendí, que Podemos solos no podíamos, y que una confluencia con otras fuerzas, en particular IU, era requisito necesario, aunque no suficiente, para ganar las elecciones a los partidos de la casta. Pese a todo, y con momentos de desfallecimiento y frustración, muchos hicimos de la necesidad virtud, y entendimos que el momento político no era ni para ir para casa ni para tirar la toalla, y que Podemos era un instrumento clave para alcanzar la unidad popular necesaria capaz de servir de palanca para hacer las transformaciones políticas y sociales por las que anhelamos desde que hace ya demasiados años, cuando empezamos a andar por estos andurriales de la política alternativa.

Dos años después, y tras extenuantes procesos electorales, internos y externos, afrontamos un nuevo Vistalegre. Un Vistalegre II que creo poder afirmar, sin riesgo a equivocarme, lleva viendo como necesario e imprescindible la inmensa mayoría de la militancia, pues entiende que para la nueva etapa política que se abre es necesario modificar, mejorar y remozar el instrumento político llamado Podemos. Partimos para ellos de varias ventajas, como son que ahora nos conocemos más entre nosotros/as, sabemos cuáles son las cosas que han funcionado y cuáles no, y tenemos tiempo para discutirlo con calma, sin la presión, se supone, de elecciones políticas a la vuelta de la esquina. En el campo de las ventajas también cabría añadir que se han ido consolidando espacios de debate nuevos, que el llamado “núcleo irradiador” ya no es tal, sino que tiene en su seno diversidad de opiniones, y que las hipótesis que se lanzaron en Vistalegre I han dado unos resultados, que cada uno puede valorar, pero que son mensurables y analizables desde los hechos y no desde las meras previsiones. Sin duda, tenemos otros hándicaps, como pueden ser heridas internas fruto de la confrontación derivada de un modelo no colaborativo, y un peso demasiado marcado de una dirección central que determina en demasía el rumbo a seguir, constriñendo las posibilidades del debate interno. En este último aspecto el no haber dejado el desarrollo pleno de este nuevo evento para el primer trimestre de 2017, y el haber precipitado de nuevo los plazos, no es, sin duda, la mejor forma de empezar.

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Cada uno puede afrontar como le parezca un proceso tan importante, para la militancia y para el conjunto de los sectores sociales a los que aspiramos a organizar y representar, pero yo me planteo con 5 objetivos básicos, que si consiguieran me daría con un canto en los dientes:

1º- Modificar sustancialmente el modelo organizativo interno, recuperando los círculos como elemento sustancial de Podemos, simplificando la estructura orgánica del partido para facilitar el engranaje de todas las estructuras, en particular de los círculos y consejos ciudadanos, priorizando los órganos de dirección colectiva por encima de los unipersonales, y modificando los sistemas electorales internos, para dotarlos de mayor proporcionalidad y de un enfoque que permita hacer partido, para lo cual deben dejar de ser un terreno abonado para la disputa de corrientes por una marca electoral. En esa línea experiencias de formulas electorales como el “Dowdall” espero marquen el futuro interno de Podemos.

2º- Lograr poner nuestra presencia institucional al servicio de la organización de poder popular, donde sea nuestro pueblo el que más ordene, a través de mecanismos de autorganización, que sirvan de base para el modelo alternativo de estado y sociedad que deberíamos promover. La presencia institucional es importante, pero corre el riesgo de perder entre los olores evanescentes de la moqueta y los rancios de la burocracia, equiparándonos primero en las formas, y en el futuro en el fondo, a los partidos que hemos venido a sustituir. Si esa presencia no se salda con un avance en la capacidad de autorganizacion popular, en barrios, empresas, pueblos y ciudades etc…, por mucho que pudiéramos mejorar algunas normas, habrá servido de poco, porque sería flor de un día.

3º- Organizar un partido, de forma democrática, unitaria y plural, con amplio arraigo en la sociedad, capaz de ser instrumento para la hegemonía política y social, donde pueda ser atractivo y útil participar, y en el cual la mayoría social de nuestro pueblo pueda tener no sólo confianza, sino un lugar donde hacer de la política de lo cotidiano una forma de cambiar el mundo.

4º- Clarificar nuestra posición sobre la realidad del estado que venimos soportando desde la llamada Transición a la Democracia, y desembocar en una propuesta política de carácter constituyente sobre la cual aglutinar respaldos suficientes para poder abrir el melón constitucional y superar los corsés sociales, nacionales, políticos e institucionales, de eso que se ha venido en llamar el Régimen del 78. Eso implica, como no, hablar de Europa, para poder superar los mitos fundacionales de esa Unión Europea o Europa de los Mercaderes que ahogan al pueblo griego en su lucha por un modelo alternativo, y que ahogarán al nuestro si no somos capaces de romper con esa cobertura del neoliberalismo que algunos/as han dado por llamar europeísmo.

5º- Consolidar y desarrollar la apuesta estratégica de Unidos Podemos, tanto en lo electoral, como bastante más allá, como forma de poder articular una oposición efectiva al nuevo orden político salido de las elecciones de 2016. Hay que avanzar de esa limitada coalición electoral a un movimiento político y social de base, capaz de logar, como no, una victoria electoral, inicial, en las próximas elecciones municipales y autonómicas, siguiendo el camino iniciado por las verdaderas candidaturas de unidad popular.

Quizás quien lea esto le parezca demasiado, un imposible, un sin dios que dirían algunos/as. A mi juicio de este Vistalegre II debemos salir con un proyecto que de nuevo devuelva la ilusión, supere nuestras limitaciones y nos permita marcarnos nuevos objetivos con instrumentos útiles para ello, sino corremos el riesgo de que la entente de los partidos del régimen nos aislé, para que nos cozamos en nuestra propia salsa, y quedemos reducidos, a medio plazo o en una anomalía histórica o en una fuerza cuya presencia institucional solo sirva para dar barniz democrático a un régimen político cada vez más autoritario.

RAFAEL VELASCO RODRIGUEZ.

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