Ni dos ni tres, el escondite inglés.

Uno de estos días que la petulancia y el exceso de amor sobre mí mismo me hace escribir estas reflexiones basadas en mi enorme experiencia entre dolores, olores, pachuli, rosas podridas y gaviotas altivas -que por cierto hay que ser imbécil para elegir ese pájaro como insignia y referente simbólico de ese partido tan ¡¡¡español, español, español!!! –.

Pero centremos el tema que no iban por ahí los tiros, tiros, hablando de tiros, pues que quería yo comprar una escopeta para cazar pajarracos (esto es broma señores de los cuerpos de seguridad del estado). Ya sabéis, cuidado con lo que escribimos que no nos sobra tiempo para que nos apliquen el nuevo código penal, la ley anti-terrorista, la ley mordaza o sí pudiesen la ley de vagos y maleantes; hablando de maleantes, estos catalanes como son eh ¡Quieren votar!

Bueno, qué ocurrencia, referéndums, autodeterminación, desde luego qué panda de apátridas, qué gentuza; pero no se dan cuenta que en los brazos de la gran patria desconectada del caudillo pero sin desconexión no se puede estar mejor, ¡viva España, viva el Rey!

El juego comienza con un jugador mirando a la pared que contará hasta tres, cuando termina de contar, “un dos tres, el escondite inglés”, el guardián se dará la vuelta y señalará al jugador que se está moviendo, moviendo… hablando de moverse, las rosas las mueve el viento, pues en este movimiento enseñó la izquierda pero como siempre me muevo a la derecha para con mi olor seducir a mis inocentes seguidores, -tonto el último-, hablando de tonto, el Rey, no señores de los cuerpos de seguridad del estado, no digo que el Rey sea tonto, sino que se me olvidó hablar del Rey.

Ganará el jugador que logre llegar a la pared sin que el guardián le haya visto moverse. Hablando de ganador, no de pared, no de jugador, no vamos a hablar del guardián, para qué, estarán muy ocupaaaaadossss vigilando impreeeentassss, registraaandoooo reviiiistasss, incautando urnas, todo por Dios, por España y por el Rey.

Hablando del Rey, se me viene a la cabeza ese señor catalán, pero muy español, viste de naranja y tiene una muñeca vestida de azul, ese señor de “raya” al lao, hablando de rayas, comenzamos hablando de “tiros”, pajarracos, rosas e imbéciles, haberlos ahílos. Pero recordad que aún nos queda hablar del Rey.

Sólo quiero que sepan ustedes que me leen que se me han quitado las ganas de cazar gaviotas, de comprar herbicida para terminar con las rosas de los jardines, donde esté montar un bar en Tuilla, vender mesas y sillas a colegios públicos o gastarse casi un millón de euros en bares alegres, dónde va parar, quién se va a parar a cazar o a hacer jardinería pudiendo vivir como un Rey, Hablando del Rey……

Rey, ¿Qué Rey?, ¿Quién quiere aquí hablar del Rey?.

Andrés Díaz

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