Lo que nos une

Resulta tentador distraer la atención de lo urgente. Son muchos los cantos de sirena que escuchamos de las profundidades marinas. Por mucho que nos perturbe la llamada del poder político, sentirse importante, ser alguien, o más bien creerse alguien, nunca tendríamos que perder de vista el objetivo de nuestra apuesta política.

El camino hasta hoy ha sido corto, escasos tres años de la constitución de los primeros consejos ciudadanos de Podemos, en Gijón y en Asturias. A algunos les puede parecer que llevamos toda la vida; bueno, quizás sea que alguno lleve toda la vida, aún en otros proyectos. Pero la realidad es que de aquellas europeas del millón de votos hasta hoy no ha pasado nada de tiempo, un respiro. Luego Vistalegre, los ayuntamientos del cambio, los no tan prometedores resultados en las autonómicas y los cinco millones de almas que gritan insaciables por un cambio total del sistema político en este país.

Estos periplos políticos plagados de elecciones, de procesos internos, de construcción de partido, nos fortalecen si tenemos la capacidad de ser generosos, pero nos debilitan si caemos en el sectarismo.

Debemos ser capaces de construir desde la concordia y el consenso. La construcción de mayorías nunca ha de ir unida a la marginación de los menos. Todas las voces han de ser escuchadas, todos tenemos que tener voz, opinar y ser respetuosos con las opiniones de otros, desde la convicción de que nadie tiene la verdad absoluta, de que ninguno está del todo confundido, de que los caminos para conseguir el fin pueden ser variados. Sólo con el máximo respeto entre compañeros se pueden fijar posturas firmes que aúnen todas las voluntades en pos de recuperar las instituciones para todos.

Construir ciudad amable, acogedora, moderna, tolerante, solidaria, donde todas las personas se sientan orgullosas de vivir, donde nadie se sienta excluido por no tener ingresos para llevar una vida digna, donde todos estén en el sitio que quieren estar, en la ciudad que quieren vivir, independientemente de su raza, sexo o condición sexual. Una ciudad respetuosa con los derechos de los animales, una ciudad no violenta, ni violentada por interés económicos del poder financiero, donde todo el mundo tenga un techo donde habitar. Una ciudad sin especulación, sin desahucios. Una ciudad con futuro para tus hijas y mis nietos.

Es por esto y miles de razones más por las que hago una llamamiento al diálogo entre todas las partes. Todos somos podemos, con nuestras luces y nuestras sombras, nuestros aciertos y nuestros errores. Nadie sobra, nos faltan muchos y muchas para transformar una sociedad podrida de corrupción, de injusticias y desigualdades. Hago un llamamiento a explorar el camino del consenso, cargar la mochila con lo que nos une y dejar en el camino lo que nos separa, porque tenemos que convencernos que es mucho más lo que nos separa de los de siempre. JUNTOS SOMOS UNA FUERZA IMPARABLE, SEPARADOS SEREMOS INTRASCENDENTES. 

Último canto al consenso.

 

Andrés Díaz

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