La ganadería industrial, la asesina silenciosa

La ganadería industrial, la asesina silenciosa

Miles de animales viven (mejor dicho, malviven) en el mundo en unas condiciones peores que las de los judíos en los campos de concentración nazis. Hacinados, maltratados y explotados hasta la muerte. Una sobreexplotación que también pone en riesgo al planeta ya que la contribución de la ganadería al calentamiento global supone más de un 18%.

2279843575_3ab57d7c19_b

Foto de Igualdad Animal de un matadero

Cada año asesinamos en los mataderos a un número de animales equivalente a ocho veces la población de seres humanos del planeta, según datos de Igualdad Animal. Ojalá solo fuera eso. Ojalá que los cerdos, vacas, terneras, pollos y gallinas que acaban sus días en el matadero gozaran al menos de unCCa vida digna y feliz. Todo lo contrario. El modelo de negocio de la industria cárnica, láctea y avícola se basa en lograr altos volúmenes de producción, minimizando gastos y maximizando ganancias. A cualquier precio. Porque los animales no importan. Porque son meros objetos.

Por eso les da igual que las gallinas, a pesar de ser seres muy sociables, sean condenadas a pasar toda su existencia en jaulas batería, en un espacio minúsculo equivalente al de una almohadilla de ratón de ordenador. Apenas pueden moverse ni estirar sus alas, lo que les genera un estrés constante, llegando a arrancarse sus propias plumas o a atacarse unas a otras. En condiciones insalubres y expuestas a luz artificial todo el día consiguen que pongan más de 275 huevos al año en lugar de los 20 ó 30 que pondrían naturalmente. Este sobreesfuerzo deja sus huesos frágiles y propensos a romperse. Finalmente, si sobreviven, entre los 18 y 24 meses de vida son desechadas porque su cuerpo ya no da para más. Recientes investigaciones han demostrado que en muchas ocasiones no son aturdidas correctamente y que sufren enormemente también cuando mueren.

Eso sin olvidar que los pollitos machos son aniquilados cruelmente nada más nacer, generalmente triturándolos vivos, por no ser rentables para la producción de carne.

29358027276_a2cc4e8752_k

Foto de Igualdad Animal de una granja industrial.

Tampoco les preocupa lo más mínimo que las vacas pasen por un infierno con la excusa, totalmente falsa según demuestran varios estudios, de que la leche es vital para el ser humano. El único fin de los empresarios ganaderos es conseguir leche, por lo que no dudan en inseminarlas artificialmente y sin ningún cuidado tantas veces como sea posible. Cuando dan a luz son separadas de sus crías recién nacidas, lo que les provoca un gran dolor emocional ya que tienen un instinto maternal muy fuerte.

Para evitar que los terneros les quiten su mercancía se les coloca en el hocico una pieza metálica con protuberancias. De esta forma sienten dolor al intentar mamar y dejan toda la leche disponible para ser vendida a los consumidores. Y a las vacas, sabedores estos «seres humanos» de que el maltrato al que las someten les genera mucha ansiedad, las descuernan sin ningún tipo de anestesia o sedación. Todas estas crueldades las describe perfectamente Concha López en su artículo «Las madres y la industria láctea» , que te encogerá el corazón.

Los consumidores tenemos el poder para cambiar las cosas 

Salvajadas como esta le ocurren cada día a los cerdos, pollos, ovejas y cualquier animal «ideado» para el consumo. A la mayoría de nosotros nos cuesta creer que estas cosan suceden y preferimos no saber. Porque si lo hacemos tenemos que enfrentarnos a nosotros mismos y nos vemos obligados a cambiar nuestra forma de vida. A modificar todo aquello que hemos hecho desde que nacimos y que nos han dicho que era lo correcto.

Es cierto que se vive más tranquilo en la ignorancia. Pero es nuestra obligación contribuir a hacer del mundo un lugar un poquito mejor para todos los que habitan en él. Y es posible con solo unos sencillos pasos:

  1. Reduce el consumo de carne: Además de ganar en salud, contribuirías a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los vegetarianos emiten un 50% menos que quienes consumen carne a diario y en el caso de los veganos se reduce hasta un 60%.
  1. Come «bio»: Somos lo que comemos, por eso intenta que cada vez que compres carne esta sea ecológica. Es una garantía de que el animal vivió en mejores condiciones y que no fue sometido a hormonas, antibióticos y demás basura química.
  1. Compra huevos de gallinas ecológicas o que vivan al aire libre: Fíjate en el código de barras del huevo. El dígito inicial indica la forma de cría del animal. Si comienza por cero o por uno es garantía de que las gallinas viven en libertad o tienen acceso a ella.
  1. Apuesta por lo local: Compra a pequeñas explotaciones familiares de tu región y no a grandes empresas. Aquí, en Gijón hay una iniciativa solidaria del grupo «paraos y precarios de Asturies» en la que se venden productos de la huerta todos los martes en la Casa Sindical.
  1. Estate informado: La información es poder. Cuanto más sepas más podrás actuar de una manera correcta para evitar el sufrimiento de cualquier ser vivo. Si quieres profundizar en el tema consulta la pagina de granjasdeesclavos.com.

    Medea López GT por los animales

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies