Genocidio y represión de un pueblo

“GENOCIDIO Y REPRESIóN DE UN PUEBLO”. Proyección del documental «DONDE HABITA EL OLVIDO”, dirigido por Álex Zapico.

Miércoles 30 de marzo en el espacio cultural La Manzorga.

 

Intervinientes en la mesa- coloquio:

Rosa Espiño, diputada autonómica de Podemos en Asturias.

Boni Ortiz, preso político durante el franquismo.

Verónica Rodríguez, concejala de “Xixón sí puede”.

Rubén Vega, profesor de Historia en la Universidad de Oviedo.

 

Este próximo 1 de abril se cumplirán 77 años de la emisión de aquel cruel comunicado en el que la junta militar del golpista anunciaba el final de la guerra, cruel porque la fórmula utilizada para definir tal fecha fue la de “el día de la victoria”. Tras una innumerable cifra de muertos, desplazados, familias desechas, huidos, desaparecidos y futuros cercenados, en un país devastado y con una posguerra que se auguraba difícil y penosísima, hablar de victoria solo puede interpretarse como el escarnio final a todo un pueblo.

El acto al que hoy asistimos lleva por título “Genocidio y represión de un pueblo”. En él se ha emitido el documental citado arriba, un viaje por los lugares emblemáticos por los que su protagonista, Aquilino, transitó durante los años de la guerra primero, de su salida a Francia y de su estancia en campos de concentración después, para terminar alumbrando la esperanza de que tras la caída de Hitler se produciría la de Franco, tarea por la que lucharía en aquellos primeros años post bélicos y por los que sufrió cárcel en el Dueso.

77 años después de terminada una guerra civil, 41 desde la muerte del dictador y 38 desde la solemne proclamación de nuestra democrática Constitución, son demasiados para no ser conscientes de que las víctimas del golpe de estado y la posterior posguerra siguen siendo vejadas, esta vez por el silencio de las administraciones publicas y la inacción de un Estado que no ha mostrado interés suficiente por hacer justicia. Justicia por la memoria.

Donde habita el olvido debe haber reparación histórica.

Algunos de nuestros responsables en las instituciones apelan, para no cumplir sus obligaciones para con Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007, nunca bien dotada ni técnica ni económicamente, a tópicos inexcusables como “pensemos en el futuro y no en cuentas históricas” o “ya es pasado no revolvamos la historia” o, peor aún, “pasemos página”. Un pueblo en el que sus máximos gobernantes miran para otro lado cuando se trata de resolver lo que la justicia exige es un pueblo que sigue siendo maltratado. Son miles las fosas aun por abrir y estudiar, pero cada vez son más mayores quienes lo piden. Cuando la justicia llega tarde no es justicia; puede llegar a ser, en el mejor de los casos, leve reparación, en el peor, una burla. Se mueren los hijos que vieron partir a sus padres y madres, detenidos arbitrariamente, y a los que no volvieron a ver. Se mueren los testigos que pueden situar, aun tantos años después, los lugares precisos en los que se cometieron aquellos atentados contra la humanidad. Se mueren mientras el Estado juega con un tiempo que no tienen.

Nuestro protagonista de Donde habita el olvido, Aquilino, mantiene aún su memoria intacta y recorre sin vacilación esos lugares donde vivió y luchó hace más de 70 años. No se considera representante de nada ni de nadie, mucho menos un héroe. Había dos bandos en una guerra y simplemente elegí el de los míos, el de la República. Nada más. Mientras tanto, nuestra ya madura democracia sigue negándole, negándonos, la reparación de una injusticia que va mas allá de la historia personal.

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